El renombrado científico británico marcó su huella en nuestro país entre 1832 y 1835, cuando recorrió el territorio nacional desde Tierra del Fuego a Copiapó, realizando observaciones geológicas, botánicas, zoológicas y antropológicas.

Charles Darwin es, sin lugar a dudas, uno de los científicos más influyentes de los tiempos modernos y su teoría sobre la evolución de las especies señala un antes y un después en la historia de la ciencia. Él introdujo por primera vez el concepto de selección natural, mecanismo que permite explicar la evolución de las especies. Según éste, los miembros jóvenes de cada especie compiten entre sí por los escasos alimentos disponibles, permitiendo la sobrevivencia sólo de los más fuertes, cuyas características genéticas prevalecen a través del proceso evolutivo. Esta teoría despertó inicialmente el rechazo de la comunidad científica británica, que consideraba que las especies no evolucionaban, sino que se sucedían unas a otras después de grandes cataclismos. Sin embargo, mayor fue la reacción del mundo religioso que interpretó como una herejía considerar al hombre una especie animal más.

Las conclusiones de Darwin son el resultado de una expedición científica alrededor del mundo, a bordo del bergantín Beagle bajo el mando de Robert Fitz-Roy. En su calidad de naturalista, tuvo la oportunidad de observar distintas formaciones geológicas, fósiles y organismos vivos en distintos continentes, apreciaciones que quedaron plasmadas en una serie de ilustraciones.

El periplo comenzó en el puerto de Davenport el 27 de diciembre de 1831 y tardó dos meses en atravesar el Atlántico, avistar el litoral carioca y recalar en Río de Janeiro. De ahí continuó al sur y en julio desembarcó en Maldonado, desde donde los científicos reconocieron las costas uruguaya y argentina, la pampa y la Patagonia oriental. A fines de 1832 los viajeros llegaron a Tierra del Fuego, donde permanecieron dos meses y medio efectuando detenidas observaciones geológicas, botánicas, zoológicas y antropológicas. Luego atravesaron el Estrecho de Magallanes para recorrer detenidamente los canales australes y el litoral chileno, hasta arribar a Valparaíso en julio de 1834. Desde ese puerto los científicos emprendieron varias expediciones por la zona central de Chile y en noviembre zarparon hacia el sur para recorrer Chiloé, las islas Guaitecas y el Archipiélago de Chonos.

Después de su travesía austral y camino a Santiago, Darwin visitó las provincias de Osorno y Valdivia, donde fue testigo de un violento terremoto. De vuelta en la capital, en marzo de 1835, emprendió un breve viaje a Mendoza y luego se trasladó a los distritos mineros de Coquimbo, Huasco y Copiapó. En julio abandonó el puerto chileno de Caldera para recorrer las costas peruanas, ecuatorianas y las Islas Galápagos, completando su expedición en octubre de 1835. Un año más tarde, Darwin regresó a Inglaterra, donde redactó su Viaje de un naturalista alrededor del mundo, publicado en 1839, y elaboró las conclusiones de sus observaciones científicas, dadas a conocer veinte años después.

Articulo por: Memoria Chilena, Biblioteca Nacional de Chile